“Bases para una sistematización posible”
El concepto de desarrollo ha
tenido diferentes connotaciones en cuanto a la dimensión humana se refiere. Sin
embargo hoy en día se cuenta con un amplio referente teórico que cada vez aporta más para su consolidación
en términos de integralidad. No obstante, la reflexión sigue en deuda con
respecto a los procesos metodológicos que permiten que el desarrollo humano
trascienda de la teoría a la praxis social.
Frente a esta situación, es
decir, ante la necesidad de pensar nuevas metodologías que respondan a las
dinámicas de desarrollo de los
individuos y las colectividades contemporáneas, encontramos propuestas
significativas de algunos autores como el economista y político Manfred Max-Neef
quien en su libro “Desarrollo a escala humana” plantea algunas “bases
para una sistematización posible”.
En este orden de ideas es
importante mencionar que la sistematización es más que un registro de los procesos de investigación o intervención,
ya que también se refiere a los criterios con los que se procede para dicha
intervención se dé de manera ordenada.
En otras palabras, la sistematización es un
aspecto fundamental en cuanto a metodologías se refiere. Por ello, Max-Neef en
su propuesta destaca la importancia de establecer una taxonomía de necesidades humas que “sirva
como instrumento de política y de acción”. Aunque dicha taxonomía de
necesidades no es una ley o norma, ya que el autor reconoce no existe un solo
tipo de desarrollo, por lo tanto, dicha taxonomía de necesidades puede variar
conforme a las realidades de cada localidad o región.
De esta manera, para poder
identificar las necesidades de una comunidad especifica Max-Neef (1988) en compañía de otros autores
plantea una matriz de necesidades y satisfactores en la que establece una
relación entre las necesidades según las categorías existenciales y
axiológicas y sus respectivos
satisfactores desde cuatro componentes: ser, tener, hacer y estar.
Con esta matriz se obtiene
un diagnóstico que arroja datos claves para desarrollar procesos investigativos
y de intervención social que contribuyan
al “aumento del rango de oportunidades y libertades para el fortalecimiento de
las capacidades humanas”.
Ahora bien, no podemos
finalizar sin decir que los planteamientos de Manfred aportan
elementos significativos para reflexionar y accionar el desarrollo a escala
humana. Pero vale la pena cuestionar si
aplicar la matriz de necesidades y satisfactores de alguna manera también conlleva a que los sujetos o las
comunidades visualicen necesidades que
antes no concebían, y por lo tanto, en lugar de generar empoderamiento por el
contrario, genere frustración sin aportar a los fines del desarrollo humano.
Desde luego, estos aspectos
debemos tenerlos en cuenta, ya que como futuros
especialistas en desarrollo integral de la infancia y la adolescencia tendremos
una gran responsabilidad como promotores de desarrollo a escala humana.
BIBLIOGRAFÍA
·
Max, Manfred. 1988. Desarrollo a escala
humana. Capitulo II: desarrollo y necesidades humanas. Bases para una
sistematización posible. Editorial Nordan-Comunidad. Segunda edición. Pág.
55-68.
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